Es inevitable el que nos veamos rodeados de personas que por lo general pensarán o sentirán distinto a nosotros, el resentimiento es una reacción involuntaria de nuestro inconciente en su respuesta natural por defendernos de un ataque premeditado. Esa es la clave, resulta que la mayoría de la gente ignora el grado de letalidad o nocividad de las palabras o acciones que son capaces de efectuar.
Debemos entender que la gente va por la vida sin pensar en las consecuencias de su accionar sea cual fuere el motivo. Pero si lo miramos concretamente, si tomamos las cosas de quien provienen, si damos el correcto valor a las palabras, si sabemos objetivamente lo que somos y hacia donde vamos en la vida, definitivamente tales palabras o acciones dañinas no ocasionarán que nos resintamos, esto es así. De todas maneras es mucho más saludable evitar interrelacionarnos con personas que usan el don de la palabra para ofender o lesionar por costumbre malsana a todo el que le rodea.
Elijamos mejor a quienes hacemos objeto de nuestro sincero afecto y ejercitemos el descartar por salud mental los sucesos del día que nos ponen de mal carácter.
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