Amistad y Amor

Hablando de relaciones peligrosas; recientemente leí una carta sobre una persona adicta, dediqué mucho tiempo reflexionando las razones que le llevaron a ese abismo tan profundo, desentrañando los motivos comprendí la magnitud de su carencia de afectos, su soledad y su desesperación por desconectarse de sus congojas, entre muchas de las cosas que le abatían estaba su último fracaso matrimonial, y es que había apostado todo a alguien inexpresivo, alguien tan distante de ser quien necesitaba, pero había una maraña compleja de situaciones anteriores que le habían hecho caer en constantes relaciones extramatrimoniales, fue creando vínculos con relaciones peligrosas y así parte de su historia es la de alguien que subestimó tanto las verdaderas razones que nos conectan a alguien, creyendo que eran simples juegos se fue enmarañando en una vida disipada, haciendo sufrir terriblemente a quien durante 8 años le había dado todo lo que un corazón enamorado es capaz de entregar, y después de tanto dolor su pareja decidió romper definitivamente…
A veces mientras se olvidan las metas concretas de la vida se tiende a perder el sentido de la realidad objetiva, esas salidas que parecen sólo un juego, un momento inofensivo con quienes no se debe, esos mensajes que van más allá de unas líneas amigables, esos encuentros clandestinos que nos desvían de rumbo, esos extraños mensajes o llamadas que van rompiendo la estructura de algo verdadero y valioso, lamentablemente ciertos juegos “inocentes” terminan afectando la dignidad y la autoestima de quien nos acompaña dulcemente y con su corazón rebosante de esperanzas de seguir estructurando objetivos comunes, tan sanos y enriquecedores en la vida de una pareja.
Es claro que quien hace tales cosas como propiciar o ceder a relaciones peligrosas, va propiciando su propia fatalidad, nadie merece ser sometido a ser víctima del engaño en cualquiera de sus formas, una relación real brinda la estabilidad y el bienestar de ambos, existen códigos de comportamiento que no se deben romper bajo ninguna circunstancia, pues si la persona con la que compartimos nuestra vida nos defrauda de alguna forma, el camino adecuado consiste en determinar la forma de solucionarlo si se esta a tiempo o de culminarlo éticamente, y sólo luego del acuerdo mutuo de separase se puede empezar alguna nueva posibilidad de unión.
Si aprendemos a respetar y dignificar a nuestra pareja, lo estamos haciendo con nosotros mismos, las justificaciones de que “no sabía lo que hice”, “es que se me metió por los ojos”, “es que vos no me comprendías”, “es que estábamos bromeando”; únicamente son pobres y falsas excusas. Respetar para que nos respeten, amar para que nos amen, dignifica para que nos dignifiquen, ser amorosos para que nos amen.