TeKiero profundiza la virtud de saber escuchar, una virtud que se practica tan poco, porque escuchar es atender de forma diligente la necesidad contextual de lo que oyes, es también permitir que quien habla pueda desahogar su interior sin interferir con palabras vanas. Hay una reflexión muy adecuada que quisiera dejar a consideración de todos los lectores del Blog del Amor: se trata de una anécdota que retrata el sentido verdadero de saber escuchar: “Caminaba con mi padre cuando nos detuvimos en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó: - Además del cantar de los pájaros, ¿Escuchas algo más? Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí: - Estoy escuchando el ruido de una carreta. Eso es -dijo mi padre-. Es una carreta...
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